viernes, noviembre 21, 2014

Entrevista para Sombra del Aire


MÓNICA LÖWENBERG, PINTORA DE LOS ACTOS HUMANOS

 

Por Nidya Areli Díaz y César Abraham Vega

para Sombra del Aire

 

SEMBLANZA

Mónica Löwenberg es una artista plástica contemporánea nacida en la Ciudad de México. Sus estudios en Diseño Gráfico preceden a su obra pictórica, por lo que ella misma declara “fueron un puente para adentrarse en el mundo de los colores y las formas”. Ha expuesto en diversos espacios culturales, galerías, universidades y museos, en Europa, Estados Unidos de Norte América y México. Su obra forma parte de colecciones privadas en México y en el extranjero. En 2012 fue galardonada con la Presea “Jaime Morales Guillen” en Cultura y Arte de Morelos, enmarcando su 30º aniversario como artista profesional.

 
OBRA

 El color es el principal protagonista de las pinturas de Löwenberg, una gama cromática nada tímida, vibrante y explosiva inunda los cuadros de la pintora, siendo los colores primarios sus predilectos; usa formas bien definidas, luminosas, sinuosas y amplias que se abrazan y fluyen las unas contra las otras aglutinándose para formar figuras humanas.

 

Sería demasiado arriesgado aseverar que el tema principal y recurrente en las obras de la pintora Mónica Löwenberg es la anatomía humana, porque si bien es evidente que la aparición de figuras humanas es un tópico numeroso en gran parte de sus cuadros, sería injusto decir que la temática se ciñe únicamente al cuerpo humano. Si tuviera que precisar un tema yo diría que se trata de los actos humanos.

 

En particular en la serie Arte con el Alma, los actos humanos se avocan, principalmente, al amor físico. Prácticamente todas las pinturas utilizadas para esta serie, son protagonizadas por una pareja de amantes que funden sus cuerpos en un idilio de color. Löwenberg sabe manejar los contrastes de manera abrumadora, un cuerpo vibra en un naranja radiante; el otro, al contrario, arde en un fuego azul; la colisión entre ambos luce como un cataclismo colosal y gozoso, rezumando pasión, derrochando color.

 

Los trazos mayormente son sinuosos y sugerentes y cumplen a la perfección con su propósito: dar movimiento. Los trazos rectos son reservados pero persistentes para hacer patente la sensación de tensión; esa tensión convulsa que nos trae a la mente la sensación casi acariciable de una piel trémula, de una carne tensa y palpitante que se deshace de amor.

 

Por otro lado, las texturas son limpias pero nunca sosas porque admiten sombras, volúmenes, espacios y movimientos; la saturación lumínica que poseen los cuadros es alta, lo que promueve que el espectador se embeba por completo de los colores y las formas y que le salpiquen de lleno los ojos, el cerebro, luego la piel y al final el corazón. Precisamente es esta una de las mayores virtudes de la pintora, el paseo sensorial que nos ofrece.

 

Al primer vistazo siempre será el color el que nos desaletargue los sentidos para prepararnos para las fases subsecuentes; luego es la forma humana la que incentiva al intelecto a desentrañar la composición pictórica; posteriormente es la memoria corpórea de nuestra anatomía de espectadores la que se despierta para recordar la sensación que nos produce ejecutar ciertos actos; en este caso, el acto del amor. A la postre es la memoria intelectual la que nos asalta al rememorar un acto específico, un recuerdo, un momento, una persona; para rematar con el estrujo del corazón anegado en un sentimiento muy específico que deja irresoluto un eco en el sitio más primitivo de nuestro ser, en las entrañas. Las pinturas de Löwenberg pretenden hacer una reconstrucción del acto humano desde su ejecución más rudimentaria hasta sus consecuencias más metafísicas.

 
ENTREVISTA

 
Sombra del Aire: ¿Cuál es tu técnica predilecta?

 
Mónica Löwenberg: Óleo sobre tela, porque puedo correr y detenerme con pinceladas sueltas o precisas a mi gusto, es la técnica de los grandes, ya que puedes manejar los óleos muy suavemente, sin problema y dispones de ellos a tu antojo o necesidad, es como caminar junto con ellos de la mano; a veces te guían o tú los induces creando una dialéctica por así decirlo. Y, bueno, también me gusta utilizar los acrílicos que son muy especiales; hay que saber manejarlos y entender su forma de actuar porque son caprichosos, comento esto porque ellos se dan y punto. Explicándolo de otra forma: tienes que saber cuando los tomas que es lo que vas a hacer, porque ellos te ganan ya que secan muy rápido, no te dan oportunidad de pensarle mucho, tienes que tener un trazo decidido y rápido.

 

S. A.: ¿Quiénes son los pintores, de todos los tiempos, a quienes consideras tus principales influencias?

 

M. L.: A Salvador Dalí lo admiro desde pequeña por su genialidad y su destreza manejando el pincel y la perspectiva en la composición de sus obras; era magno en toda la extensión de la palabra.  También debo mencionar a Pablo Picasso, un artista sumamente vanguardista que constantemente rompía los esquemas académicos guiado por su creatividad, ideas  y sentimientos, mismos que transformaba en figuras y elementos lejos de la realidad.

 

S. A.: ¿Tienes un maestro en especial, con el que hayas tenido contacto, que marcó tu perspectiva de la pintura?

 

M. L.: No tuve maestros, soy una artista autodidacta, mis maestros fueron las hojas y lápices que una y otra vez me hacían corregir o borrar o de plano romper. Aunque te diré que recuerdo: cuando tenía cinco años mi mamá solía llevarme a un parque donde se ponía un maestro a dar clases cuyo nombre no recuerdo y me daba mi carbón y una pieza de hoja de cartón y nos ponía a copiar jarrones; ya sabes, lo típico. Creo que él fue el parteaguas de mi carrera porque quizá si me hubiera dicho: qué espantoso está tu jarrón, de plano me hubiera retirado, pero quizá me dijo qué bonito tu jarrón y con eso tuve. En entrevistas como esta, les digo a los papás que si su hijo tiene ganas de dibujar y pintar, lo animen, alienten y no critiquen su trabajo; de eso podría depender que el día de mañana fuera un Picasso o un paisajista como Velasco, porque con la práctica sale la genialidad y se afina el talento.

 

S. A.: Noto en tus obras una predilección por los colores primarios, ¿obedece esto a algún motivo simbólico?

 

M. L.: Me da gusto que me preguntes esto, ¿sabes? Nadie lo había hecho y estaba ansiosa por contar por qué predominan los colores primarios en mi obra. Para comenzar es un vocabulario pictórico que he encontrado fascinante y me hace sentir completa. Todo lo que miran nuestros ojos, el jardín, el color de tu cocina, el cielo, los muebles de tu casa, el color de ojos que tienes, todo es la suma de estos colores, rojo, amarillo y azul, que son los colores primarios. Partiendo de esta verdad nació en el 2007 mi colección Arte con el Alma.

 

El azul tiene su temperamento: es algo frío pero pensante, es fresco a la vista; es un color activo, audaz y normalmente en mis historias lo utilizo en la figura masculina. El naranja que es un color secundario: es cálido, sensual, divertido, emocional; lo utilizo en la figura femenina. Estos dos colores no se llevan, son contrarios, pero se complementan uno a otro y no compiten. Así nació mi pareja de Arte con el Alma. Y con esto podría platicarte del temperamento de más colores, pero necesitaría mucho tiempo, por ejemplo, el rojo es un color muy atrevido: siempre quiere que lo vean, si lo pones atrás él solito se pone al frente, siempre resalta, tienes que tener mucho cuidado cuando trabajas con los rojos porque son un reto como el negro.

 

Mi obra es fácil de comprender, rompiendo con lo tradicional y entrando en lo contemporáneo, para todo público. No necesitas comprender el arte abstracto o de alguna corriente artística complicada, no, es simple, te toca el corazón, ya que son escenas en donde predomina el amor que es un idioma universal. Utilizo colores vibrantes que son sentimientos que acomodo estratégicamente en estas historias de seres como tú y como yo, lo demás es labor del espectador, soñar y volar, diría. Es una obra de arte narrativo, te cuenta lo que quieres escuchar, es un trabajo que te ofrece una nueva experiencia.

 

S. A.: El diseño gráfico asume una postura más comercial y utilitaria, ¿crees que, en efecto, esto mina la creatividad del artista? Por otro lado, ¿cómo fue, en tu persona, el salto del diseño a la pintura?

 

M. L.: En definitiva sí, aunque un buen diseñador es aquel que diseña esa caja de cereales que de 15 cajas tú escoges esa; quiero decir que el diseño te induce para que tú hayas elegido esa, el diseñador tiene que tener una creatividad extraordinaria al igual que el artista, la diferencia entre los dos es que el diseñador trabaja en base a las necesidades de una empresa y el artista normalmente no; entre más libre eres de tomar la decisión del cómo hacer y trazar una obra, mejor. Mi creatividad vuela, también hay artistas a los que se les encarga una obra determinada; por ejemplo, me pidieron una obra para un hospital, fue un gran reto. (Revelación, acrílico sobre tela, 2.50x2.50, Hospital Ángeles de Tamaulipas, México).

 

Mi historia fue diferente. Yo estudié diseño gráfico porque no tuve un apoyo que me orientara vocacionalmente. Yo trabajo con los pinceles y los colores desde que tengo uso de razón, profesionalmente tengo 30 años pintando y pensando en qué carrera se podría mezcla los colores y las formas, dije diseño gráfico. Esta carrera me sirvió para darle más sabor y enriquecer mi trabajo, no por nada miré hacia ese camino y, como dice mi padre que es un hombre de éxito, todo es por algo tarde o temprano, claro que a mí me hubiera gustado estudiar en el extranjero o en mi país artes plásticas, no fue el momento y no me tocaba, Dios así lo quiso.

 

S. A.: Hemos estado utilizando algunas de tus pinturas para ilustrar ciertos trabajos de la poeta Sofía Mares, ¿qué piensas sobre la relación que se establece espontáneamente entre la pintura —tu arte—y otras manifestaciones artísticas como la poesía?

 

M. L.: Me siento alagada de que mi trabajo complemente los trabajos de otros artistas y viceversa y así se puedan enriquecer las dos obras. Pienso que hay que darle al espectador más elementos para que vivan una nueva experiencia, por eso yo hablé de la pintura narrativa.

 

S. A.: Finalmente, ¿qué significa para ti haber sido acreedora a la presea “Jaime Morales Guillen”?

M. L.: Antes que nada una gran responsabilidad ya que mucha gente votó por mi trayectoria y no puedo decepcionarlos, ahora es mi turno seguir hacia adelante. Comprendí que con disciplina y dedicación puedes lograr todo lo que te propones, y me siento muy contenta de tener esta presea en mi lugar de trabajo para así recordar que siempre vale la pena poner un poco más de ti en lo que haces.

 

Agradezco a Sombra del Aire por la oportunidad que me ha dado de poder platicar un poco de mi trabajo en esta pequeña charla. 
Publicar un comentario